MercurySteam, con sede en San Sebastián de los Reyes (Madrid), es probablemente el estudio español con la trayectoria más reconocible fuera de nuestras fronteras. Saltó a la primera línea con la trilogía Castlevania: Lords of Shadow para Konami, y se ganó un sitio en la historia cuando Nintendo les confió nada menos que Metroid (Samus Returns primero y, sobre todo, Metroid Dread después), uno de esos encargos que un estudio recibe una vez en la vida. Trabajar franquicias legendarias para gigantes es un negocio durísimo y exigente, pero paga las nóminas y enseña oficio del bueno.
La conexión con la edición de hoy es su decisión más importante, y es la del primer artículo. Un estudio que solo hace juegos por encargo vive siempre a merced de que el gigante de turno le vuelva a llamar; su suelo es prestado. MercurySteam entendió eso y dio el paso difícil: usar el músculo y el prestigio ganados con Castlevania y Metroid para financiar y construir su propia IP: un action-RPG de fantasía oscura, Blades of Fire, que es suyo. No abandonaron el encargo; lo usaron de trampolín. Diversificaron entre el dinero seguro de trabajar para otros y el dinero con futuro de trabajar para sí mismos.
El trabajo para otros sostuvo el presente mientras la propiedad intelectual propia construía el futuro.
La lección no es "deja de hacer encargos". Es que quien depende de una sola fuente (un solo juego, un solo cliente, una sola franquicia ajena) está siempre a un "no" de distancia del cierre. MercurySteam lleva un cuarto de siglo esquivando ese "no" precisamente por no apostarlo todo a una carta. En un sector que entierra estudios cada semana, durar tanto ya es, en sí mismo, la mejor prueba de que la jugada funciona.
MercurySteam, el estudio detrás de Metroid Dread y Blades of Fire
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