Digital Sun nació en Valencia con una idea tan buena como difícil de explicar en una frase: Moonlighter, un action RPG en el que eres Will, un comerciante que lleva su tienda de día, fijando precios, gestionando el stock y atendiendo clientes, y baja a las mazmorras de noche para conseguir la mercancía. Un juego sobre el héroe y sobre la caja registradora a la vez. No tenían dinero para hacerlo, así que hicieron lo que recomendábamos en el primer artículo: lo llevaron a Kickstarter. Cerraron con 5.229 mecenas y 134.276 dólares, muy por encima de su objetivo.
La jugada fue de manual, y por eso la traemos. Con el primer artículo: el crowdfunding no solo les dio el dinero, les dio la prueba de que existía público para una idea rara antes de gastar un año construyéndola. Validación y financiación en el mismo gesto. Con el segundo: llegaron al lanzamiento con una comunidad ya formada, que es justo lo que el early access y el crowdfunding bien hechos regalan. Y después eligieron socio con criterio: publicaron con 11 bit studios, una relación que ha durado hasta la secuela, Moonlighter 2. Ni se quedaron solos por orgullo ni se vendieron por prisa; escogieron.
La moraleja es simple: no esperaron a tener dinero para empezar, ni fingieron que el dinero no importaba. Gestionaron el estudio con la misma conciencia con la que diseñaron el juego.
Digital Sun no esperó a que apareciera un inversor milagroso. Entendió antes que muchos estudios que el dinero y la validación pueden venir del mismo sitio si diseñas bien la propuesta y sabes explicarla.
Digital Sun, el estudio detrás de Moonlighter
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