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DOJO Insights 28

Talento / Liderazgo Creative direction Market research Publishing strategy

Cómo retener al talento cuando no puedes pagar como Microsoft

En un año en el que el sector ha perdido más de diez mil puestos de trabajo, tu mejor gente está asustada y mira ofertas. No la vas a retener con dinero porque no puedes competir con quien tiene más.

19 de julio de 2026 7 min read
DOJO Insights 28 cover about talent retention, motivation, and team leadership

El talento es, según el propio sector, su mayor fortaleza y a la vez su mayor reto de retención. Y el estudio pequeño parte de una desventaja evidente: no puede igualar el sueldo de una multinacional. La buena noticia es que el dinero, aunque importa, es solo uno de los motivadores que mueven a una persona a quedarse, y no es el que más pesa una vez cubierto un mínimo digno. Hay otros cuatro, y el estudio pequeño puede ofrecerlos mejor que nadie precisamente por ser pequeño.

El primero es el reconocimiento. Hay gente cuyo combustible es que su aportación se vea y se valore. Ojo, no todos igual: hay quien lo necesita en público, delante del equipo, y hay quien lo detesta en público y lo agradece en privado. Confundirlos es un error caro. Le das un aplauso en la reunión general a quien quería un mensaje a solas, y crees que has motivado cuando has incomodado. Reconocer bien no cuesta dinero. Cuesta atención, que es más escaso.

El segundo es la autonomía. Hay personas que no rinden en un horario de nueve a cinco vigilado, y que a cambio de decidir el cómo, el cuándo y el dónde te devuelven un rendimiento muy superior. El teletrabajo y la flexibilidad, que a un gigante le cuestan una negociación con recursos humanos, un estudio pequeño los puede conceder mañana. Es una de las pocas cartas donde el pequeño gana al grande de calle.

La gente no lleva su motivador escrito en la frente.

La mayoría tiene dos o tres, no uno. El líder que asume que a todos les mueve lo mismo gestiona a ciegas. El que se molesta en descubrirlo, gestiona con luz.

El tercero es la seguridad. A alguna gente le pesa mucho el futuro: quiere saber dónde estará dentro de dos años, valora el contrato estable y el plan de carrera. En un año de despidos, esta persona está especialmente nerviosa, y lo peor que puedes hacer es dejar que el rumor le llegue antes que tú. Aquí el pequeño tiene una desventaja real, pero tiene una ventaja compensatoria: puede prometer honestidad. Saber a qué atenerse, aunque no sea perfecto, retiene más que un silencio que alimenta el miedo.

El cuarto es el estatus. Hay quien da el máximo por una razón concreta: quiere subir, quiere el cargo, quiere que cuando hable el resto escuche. A esta persona un título que suene y un ámbito claro de responsabilidad la motivan más que un aumento. Y cuidado: si le prometes ese ascenso y se lo das a otro delante de sus narices, no lo bajas de motivación, lo pierdes entero.

Y el quinto es el logro, o el cumplimiento: la gente que disfruta cerrando cosas, tachando de la lista, viendo avanzar la barra. A esta persona un objetivo ambicioso y bien desglosado le hace el día; un objetivo abstracto o un día perdido navegando canales de Slack sin cerrar nada le hunde la moral. No necesita más sueldo. Necesita que el trabajo tenga forma de progreso visible.

Y hay un corolario útil para ti mismo: cuando sepas cuáles son tus dos o tres motivadores, sabrás qué pedir en tu próxima negociación. A lo mejor no es más dinero. A lo mejor es un contrato largo, teletrabajo o un cargo que suene. Saberlo te da poder en la mesa.

Tres preguntas para cerrar

Desarrollador: ¿Sabrías decir ahora mismo cuál es el motivador principal de cada persona clave de tu equipo? Si dudas en más de uno, ahí tienes la conversación de esta semana.

Inversor: Cuando evalúas un estudio, ¿miras solo el talento que tiene o también por qué se queda? Un equipo brillante retenido solo por sueldo es un activo con fecha de caducidad.

Profesional: ¿Tienes claros tus propios dos o tres motivadores? Si no, es difícil que pidas lo correcto y acabarás negociando por defecto sobre lo único que todo el mundo sabe nombrar: el dinero.

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